...al despertar
me duelen las calles
a través de las aceras,
me pueden
las persianas bajadas,
las sábanas sucias,
los ojos medio ciegos
que miran
el mundo de los héroes,
con sabor a alcohol,
a piel reciente.
El salón
es un cementerio de copas
abandonadas a medias
después de la batalla,
donde ceniceros con labios inéditos
pregonan nombres
y dejan besos desconocidos,
al día siguiente...
- José María Garrido, La Química o el Amor -
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