miércoles, 11 de septiembre de 2013

Al sur del dormitorio




Es increíblemente dulce todavía
la firma de tus dedos sobre mi piel,
cuando en esa hora o en ese abrazo 
dejamos de ser compañeros de piso, 
conocidos cercanos que navegan 
un mismo mar de días distintos.

Pero es bonito
compartir contigo el paraíso,
llegar a una playa desierta
de sábanas blancas y pezones
turquesa, encontrarnos tendidos
al sur del dormitorio,
una tarde cualquiera,
y dejar que el amor nos sorprenda
como un pariente lejano
que llega de improviso.

Reconozco
la brusquedad que tienen
mis regresos, porque me hace
sentir más salvaje el transcurso
del tiempo que fui a la deriva,
perdido en tempestades,
surcando el silencio.


que no tendrás en cuenta
la torpeza de mis manos de náufrago,
mi sed de venganza, la ansiedad
de tierra firme que tiene mi espalda.

Que perdonarás la culpa, el vicio,
el crimen, el sudor deseado,
el placer inmediato comenzado en los ojos
mucho antes de tocarte,
todo lo que devuelve mi cuerpo
a tu cuerpo sin pedirte permiso.

Bajo la luz azul de esta noche tropical
la piel recién caliente parpadea,
encuentra la manera perfecta de desesperarnos,
tú en mí,
yo en ti.

Y acabas
como siempre posando tu vida
en el hueco que ofrece mi axila,
el lugar donde reponerte,
donde hablar sin palabras,
donde decírmelo todo
en ese idioma de respiración
–que es el nuestro – que solo entienden el paso de los años
y el verdadero amor.


- José María Garrido -

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